CAPITALISMO

      Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

      DE GÉNERO

      Iñaki Gil de San Vicente


      3.- LEY DEL VALOR-TRABAJO Y OPRESION DE LA MUJER.

      Uno de los objetivos teórico-políticos de la reacción neoclásica o marginalista era, como hemos visto arriba, negar los avances y descubrimientos de Smith y Ricardo sobre las contradicciones internas del capitalismo y en especial su versión burguesa, y hay que insistir en este contenido de clase, de la ley del valor-trabajo. En realidad, ya lo habían intentado los economistas vulgares desprestigiados por Marx pero sin mayor insistencia porque no era una cuestión entonces decisiva debido al todavía poco antagonismo de las luchas obreras, como sí empezó a suceder a mediados del siglo XIX. El mayor ataque contra la propia economía política burguesa en aquél tiempo, aparte del marxista, proviene de los marginalistas y de su teoría subjetiva del valor, que no es sino una mejora de la ideología utilitarista consustancial a la burguesía. Luego, por no extendernos, el keynesianismo rechaza también la teoría del valor-trabajo de Marx y mantiene una esencial conexión con el subjetivismo marginalista al insistir en los factores psicológicos que condicionan la evolución del consumo y por tanto de la economía. Por último, el llamado "neoliberalismo" vuelve al marginalismo de sus padres teóricos. ¿Qué importancia tiene esta evolución para el tema que tratamos? Toda.

      En última instancia, desde que los pensadores griegos y chinos de las clases dominantes comenzaron allá por el siglo Vadne a preocuparse por los problemas causados por la creciente independencia del dinero y de la mercancía con respecto a la economía de simple producción de valores de uso, desde entonces, y ha pasado tiempo, el problema clave ha sido el de la producción, realización y precio del valor. Obviamente, en cada época, por ejemplo con el florecimiento económico y cultural de los musulmanes desde el siglo IX o de los europeos desde el siglo XIII, esas inquietudes se pensaban según sus contextos y limitaciones, pero, en síntesis, el problema del valor palpitaba o aleteaba al margen de la terminología empleada. La burguesía ascendente no tuvo miedo a enfrentarse a ese problema porque, de un lado, lo necesitaba para comprender cómo funcionaba el capitalismo y poder así fortalecer su lucha contra la nobleza; por otro lado, porque el capitalismo británico tenía que enfrentarse sobre todo al francés -ya había superado al holandés- que todavía a comienzos del siglo XIX seguía influenciado por la teoría fisiócrata de Quesnay (1696-1774) que pese a sus aportaciones novedosas seguía centrada en la esfera de la circulación y no en la de la producción, que es la decisiva; y, por último, porque todavía en 1817, por poner esta fecha de la publicación del texto fundamental de Ricardo antes citado, las clases trabajadoras no habían dado el salto cualitativo que separa la petición o súplica de lo que se llama "justicia social", que nos remite a la esfera de la circulación, a la lucha por la instauración de la dictadura proletaria, la expropiación de los expropiadores y la superación histórica del salariado, lo que nos remite a la esfera de la producción.

      Este salto se produjo en muy poco tiempo, el que va de Blanqui (1805-1881) a Marx (1818-1883), y fue unido, en el tema que nos interesa, a la irrupción definitiva del feminismo socialista como continuación y superación histórica del feminismo burgués sufragista. La reacción marginalista surge precisamente en ese período y retrocede hasta el idealismo y al subjetivismo al abandonar la problemática del valor material y objetivamente mensurable, como planteaban Smith y sobre todo Ricardo, a la problemática subjetiva de la preferencia individual por el interés utilitarista. Ya hemos dicho que Keynes no abandona esta perspectiva aunque la suaviza un poco al considerar el problema desde la psicología del consumidor. Pero vuelve fortalecida de nuevo con el llamado "neoliberalismo" que culmina todo un proceso revisionista iniciado a finales de los cincuenta por teóricos reformistas como Touraine con su tesis de la "sociedad postindustrial", y abre otro en el que abundan modas de todo tipo sobre "economía inmaterial", "bienes intangibles", "infoeconomía", "dinero que produce dinero", etc. La intelectualidad burguesía ha abandonado las pretensiones de objetividad y de conocimiento científico de sus primeros teóricos y ha retrocedido a lo subjetivo, ha abandonado la esfera decisiva de la producción y ha retrocedido a la secundaria de la circulación. Y este retroceso tiene efectos terribles sobre la práctica y la teoría de la emancipación de las mujeres.

      3-1).- QUÉ DICE LA LEY DEL VALOR-TRABAJO:

      Creer que el capitalismo se regenera mediante la circulación de mercancías y dinero, es creer que la clase dominante no explota la fuerza de trabajo y no oprime a las clases trabajadoras; es creer en la "justicia social" y en el mito del "salario justo y digno" en vez de en la necesidad de la lucha revolucionaria, y, en la opresión de las mujeres, es creer que su libertad se obtendrá dentro del capitalismo y sin acabar con el sistema familiar patriarcal actualmente existente, simplemente reformándolos. Saber, por el contrario, que lo hace en y mediante la producción de mercancías es saber que existe la explotación y que no se puede acabar con ella dentro del capitalismo, de la propiedad privada de los medios de producción y dentro de la vigencia de la ley del valor-trabajo.

      ¿Qué dice esta famosa, controvertida y denigrada ley? Pues que las mercancías tienen un valor medible por la cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario para su producción; que esta cantidad es la suma de todas las previas cantidades de trabajos necesarios para su producción; que esa medición es un proceso práctico en el mercado lo que hace que los productores busquen los negocios más rentables abandonando lo menos rentables; que esos cambios determinan la distribución de la fuerza de trabajo total en una sociedad sin reparar en sus efectos negativos; que en última instancia la razón de esos cambios es la necesidad del máximo beneficio de los capitalistas; que, inevitablemente, esa necesidad ciega exige la explotación de la fuerza de trabajo con sus efectos de opresión y dominación; que la burguesía introduce cada vez más medidas político-económicas para intentar retrasar los efectos de esa ley o volverlos contra las masas trabajadoras, y que, para concluir, la ley del valor-trabajo debe ser consciente superada según se avanza hacia el socialismo, de modo que el socialismo pleno, que es la antesala del comunismo, sólo se desarrollará en la medida en que se haya extinguido simultáneamente la ley del valor-trabajo.

      Para la emancipación de la mujer saber que la esfera de la circulación es secundaria con respecto a la de producción, y saber que la producción capitalista nos remite fundamentalmente a la ley del valor-trabajo, saber esto supone organizarse no sólo para superar el capitalismo sino también para superar la familia patriarcal actual y de todo el universo relacional, afectivo, sexual, etc., que genera objetivamente. Como veremos en su momento, la familia patriarcal actual se sustenta en la invisibilización del trabajo doméstico realizado por la mujer, que es el grueso del trabajo socialmente necesario. Sacar este trabajo a la luz es romper el pilar básico del sistema patriarco-burgués porque deja al descubierto el proceso que estructura la opresión, la explotación y la dominación alrededor del plustrabajo material y simbólico que realiza la mujer. Decimos pilar básico porque existen otros pilares que incluso aun siendo muy importantes en y para las múltiples formas en las que se manifiestan esas prácticas, aun siendo así, en última instancia se centralizan en el mantenimiento y/o ampliación del plustrabajo material y simbólico, psicosomático, de la mujer.

      Precisamente es esta centralización la que explica el doble efecto que para la emancipación de las mujeres tiene la ley del valor-trabajo. De un lado, en la medida en que esa ley sólo rige para los trabajos productores de mercancías, como veremos, por ello mismo hace que "no existan" otras formas de trabajo, especialmente el trabajo socialmente necesario, el que es imprescindible para que la humanidad disponga del grueso de sus productos de subsistencia; esta invisibilización fortalece la opresión de las mujeres al "demostrar " lo contrario, que no son oprimidas porque realizan un trabajo "libre", porque el trabajo doméstico es libremente aceptado por la mujer ya que responde a su "esencia". De otro lado, sin embargo, lograr que la ley del valor-trabajo refleje la existencia del trabajo doméstico, es decir, demostrar no sólo su existencia objetiva sino que además puede ser cuantificado porque produce cosas, semejante logro supone un golpe muy duro a la opresión de la mujer. No es casualidad, en este sentido, que el grueso de la economía burguesa se ha negado a hacer el mínimo esfuerzo en ese sentido, y cuando lo ha hecho ha sido para desviar la naturaleza del problema.

      También es muy significativo que solamente desde la aportación marxista del valor-trabajo se puede empezar a solucionar ese problema crucial. Es cierto que Marx no habla del trabajo doméstico, pero sí es verdad que insiste en la naturaleza familiar del proceso de reproducción de la fuerza de trabajo social y dentro de este, del papel decisivo de los gastos familiares totales para designar el valor de la fuerza de trabajo, y desde ahí más los problemas de la conversión de los valores en precios y de la influencia determinante de la lucha de clases en todo ello, relacionar el papel de la institución familiar con el capitalismo. Igualmente es cierto que en su obra, y en la de Engels, abundan las críticas directas y explícitas a la institución familiar.

      La ley del valor-trabajo registra las mercancías producidas por la fuerza de trabajo humana, pero son las condiciones sociales concretas las que designan qué son las mercancías, cuando empiezan a serlo y cuando dejan de serlo. Tenemos tres ejemplos al respecto. Uno es el del trabajo doméstico, sobre el que nos extenderemos luego. El segundo es el de la creciente "economía criminal", es decir, de los negocios ilegales que se realizan con las drogas no legalizadas, o con las legalizadas pero en un tráfico y venta ilegal, con el comercio ilegal de armas, con la explotación y opresión sexual de las mujeres, niñ@s y esclav@s sexuales en la prostitución, con el tráfico y venta de fuerza de trabajo inmigrante e ilegal, con la expoliación y destrucción ilegal de la naturaleza y un largo etcétera; luego, mediante las redes de blanqueo de dinero y de entrada de ese dinero blanqueado fundamentalmente en la burbuja financiera, en el mundo de la especulación financiera y en mucha menor medida en la esfera de la producción de bienes de producción.

      Esas impresionantes masas de dinero, de capital especulativo e improductivo, apenas es contabilizado por la ley del valor-trabajo en un primer momento sino que sólo después de una serie de procesos que no podemos analizar aquí. Los efectos negativos que ello produce en la marcha del capitalismo son enormes, aunque lo insoportables costos definitivos los padecen las masas trabajadoras del planeta. Según sean los intereses específicos de las diversas fracciones de la burguesía, y de sus intereses en la jerarquía mundial capitalista, son más o menos ásperas las tensiones negociadoras para legalizar e integrar en la contabilidad económica partes de esa economía criminal, legalizándola de un modo u otro, y a la inversa, extraer de la contabilidad partes legalizadas para ilegalizarlas y ampliar la economía criminal si así se produce un aumento fulminante de las grandes ganancias. No hace falta decir que son las mujeres las que pagan los platos rotos de esta dinámica.

      El tercer ejemplo es el de la economía sumergida, es decir, de la que se mueve fuera de los sistemas de contabilidad oficial que una prácticas que van desde lo ilegal, cuando explotan a trabajador@s inmigrantes sin papeles o falsifican otras marcas, o emplean productos prohibidos, etc., hasta lo alegal en el sentido de que se aprovechan de los espacios vacíos y en gris de la legislación vigente para, moviéndose en sus límites, obtener sobreganancias que de otra forma serían imposibles. Entre lo ilegal y lo alegal, en sus espacios flexibles, existen miles de negocios, empresas, comercios, tiendas, talleres, almacenes, redes de distribución, etc., muchas de las cuales son de pequeña cuantía pero otras grandes y hasta internacionalmente relacionadas. En estas condiciones, las mujeres y l@s jóvenes son quienes más indefensión tienen, y de entra ell@s destacan l@s inmigrantes, la fuerza de trabajo asalariada que muchas veces malviven en una esclavización moderna. No hace falta decir que estas realidades nos remiten a las estrechas conexiones entre la economía sumergida y la economía criminal pues, por ejemplo, mucha de la primera se sostiene gracias a los servicios que les presta la segunda y viceversa pues la economía criminal necesita y se beneficia de muchas pequeñas empresas sumergidas, y de otras muchas emergidas y legales. La ley del valor-trabajo no puede controlar directamente la economía sumergida porque debe esperar a que sus mercancías y/o sus beneficios en forma de dinero entren tarde o temprano en los sistemas de contabilidad vía mercado y contabilidad públicas.

      Las interrelaciones entre trabajo doméstico, economía criminal y sumergida no sólo afectan con saña a las mujeres sino que, además, forman un universo de posibilidades de maniobra en el que la burguesía encuentra instrumentos muy efectivos para intentar retrasar los efectos a la larga de la ley del valor-trabajo. Pero aquí nos interesas aquellos que se logran mediante la opresión de las mujeres y a la vez redundan en un reforzamiento de esta. Ya nos hemos referido a las prácticas burguesas por aumentar o disminuir la explotación asalariada de la mujer; por aumentar o disminuir los servicios sociales de sanidad, educación, transporte, asistencia a la vejez, ayudas especiales, discriminaciones positivas, etc.; por aumentar o controlar los niveles de consumo para fortalecer el beneficio capitalista o para intentar contener las crisis; por aumentar o controlar las tasas de natalidad según las perspectivas globales de la acumulación capitalista, etc. En última instancia, estas y otras alternativas nos remiten a la ley del valor-trabajo y a sus efectos directos o indirectos.


      3-2).- Ley del valor-trabajo y opresión invisible.

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